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La abuela de la vicepresidenta o cómo adelantarse a una crisis

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(Foto: Diario 16)

El 18 de enero último vimos a la primera vicepresidenta Marisol Espinoza aparecer en televisión explicando que su abuela, Digna Sánchez, estaba afiliada al programa Pensión 65, anticipándose a un informe que iba a ser emitido por un programa dominical. En esta conferencia Espinoza dijo que desconocía que la señora Sánchez había sido inscrita en el programa social, y anunció que de inmediato solicitaría anulen dicha inscripción. Los hermanos de la vicepresidenta también se mostraron sorprendidos por la noticia.

Como era de esperarse, las reacciones a la noticia no se hicieron esperar, y fueron desde el tibio apoyo hasta el rechazo categórico, tanto de otros congresistas y políticos como del público mismo; en las redes sociales, como era de esperarse, la gente se despachó a sus anchas, en su mayor parte en contra de Espinoza.

El lunes 28, en Abre los Ojos, la vicepresidenta se explayó con más detalle sobre este caso. Reiteró que su abuela fue inscrita sin su conocimiento, que la noticia la tomó de sorpresa, y dio a entender que había detrás de la denuncia una intención de desprestigiarla para, entre otras cosas, evitar que fuera electa presidenta del Congreso. Recordó además con la voz entrecortada su infancia al lado de sus abuelos, y lamentó que se use a una persona anciana para estos fines.

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Lo primero a destacar en este tema es la iniciativa que tuvo la vicepresidenta en anticiparse a la publicación de la noticia y salir ella misma a anunciarla. Los cánones de la comunicación de crisis señalan que la mejor actitud en una coyuntura de este tipo es actuar proactivamente y anunciar la noticia antes que los medios. Esto tiene dos razones: la primera es evitar que la prensa distorsione la información o la presente de manera incompleta, con los perjuicios que ello supone; la segunda es presentar a la organización (o al personaje, en este caso), como transparente y ética: no es necesario que la prensa informe sobre este problema, nosotros mismos somos capaces de hacerlo. Así lo hizo Espinoza, y logró que el impacto de la noticia se redujera y le quitó el rótulo de primicia para el medio en cuestión.

Ello, por supuesto, no la libró de los comentarios negativos provenientes tanto del ambiente político como del avisero de las redes sociales. Sin embargo, valgan verdades, el asunto ya venía desinflado luego del anuncio de la propia Espinoza. Para muestra un botón: salvo Correo, que solo le dedicó dos días de portada y una página central completa (y luego casi ni publicó sobre el tema; la revocatoria concita más su interés), la noticia no tuvo grandes espacios en ningún otro diario local (El Comercio le dedicó solo un pequeño recuadro el sábado 19). La anticipación, la conducta comunicacionalmente proactiva de Espinoza, la salvó de un ‘apanado’ mediático mayor y más duradero. Esto es de destacar pues no son muchos los funcionarios públicos que tienen este tipo de manejo comunicacional: en general vemos que la conducta más común en este tipo de casos es, o el silencio o la reacción tardía (una conferencia de prensa posterior, o incluso una llamada telefónica durante la emisión de un reportaje acusatorio, es ya una reacción tardía), lo cual no hace sino agravar la crisis y prolongar su permanencia en los medios.

Lo que también destaca en el proceder de Espinoza es la forma cómo obtuvo la información: su propio trabajo de “inteligencia”. Al ser avisada por sus familiares de que ciertos periodistas se acercaron a indagar a casa de su abuela, la vicepresidenta seguramente buscó más información en los medios sobre el informe que se preparaba, y así pudo actuar con más seguridad para su presentación. Definitivamente, el tener buenos contactos dentro de los medios de prensa sirve para poder adelantarse a las denuncias como en esta ocasión. Un buen trabajo de gestión de medios de prensa es necesario para estos fines; y que no implique, por cierto, nada ilegal ni reñido con la ética (como hay más de un caso en el ambiente periodístico, lamentablemente).

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Podemos hacer una comparación entre el caso de Espinoza y el del ex presidente Alan García, quien hace unos días (y, coincidentemente, también en “Abre los Ojos”) reveló que estaba en proceso de adquirir un inmueble en Miraflores por el valor de US$ 800 mil. El detalle es que no dijo que esa casa estaba embargada por el Estado pues le había pertenecido al procesado ex ministro fujimorista Luis Baca Campodónico. Sin embargo, antes de conocerse ese detalle, ya le habían ‘saltado’ literalmente al cuello a García, cuestionándolo por el origen del dinero con el que adquirió la casa; a tanto ha llegado el tema, que incluso ya se ha solicitado el levantamiento de su secreto bancario (http://gestion.pe/politica/megacomision-que-investiga-gestion-alan-garcia-pedira-levantar-secreto-bancario-2058255) .

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(Fuente: http://www.diariolaprimeraperu.com)

¿Le salió el tiro por la culata al ex presidente? García tiene la costumbre de anticiparse al estallido de las crisis mediáticas y anunciarlas en público: recordemos sino la conferencia donde presentó a su hijo menor Federico Dantón. Esa vez la anticipación fue fructífera: cortó de un solo tajo los rumores y las especulaciones sobre el niño e hizo que la crisis no pasara a mayores. Pero en el caso de su nueva residencia, hay un tema muy delicado –sobre todo tratándose de él- de por medio: una operación que implica una gran suma de dinero. García estuvo involucrado en manejos poco transparentes de fondos públicos durante su primer gobierno, que incluso le valieron acusaciones constitucionales; es cierto que salió libre de todas, pero sus opositores políticos y la misma opinión pública hasta ahora lo siguen relacionando con ellas. Bastó entonces que saliera a luz (por boca de él mismo) este asunto de la casa para que se inicien todas las pesquisas e investigaciones ya mencionadas.

La diferencia entre los casos de Marisol Espinoza con su abuela y el de Alan García con su casa nueva, es que en el segundo caso la crisis no pudo ser aliviada por la revelación pública que de ella hiciera su principal protagonista, debido a todos los antecedentes políticos que pesaban sobre él, y que lo convirtieron de transparente en sospechoso. En el caso de la vicepresidenta, ella carece de esos antecedentes (el caso de un tomógrafo de Essalud destinado en principio a Apurímac pero que acabó en Piura, su tierra natal, tampoco pasó a mayores), lo cual pudo haber ayudado a que la acusación relacionada a su abuela se difuminara (el sábado último fue entrevistada largamente en RPP y no se tocó para nada el tema). Las crisis comunicacionales afectan menos a quien tiene antecedentes menos polémicos; o, dicho de otra manera, cría fama y prepárate para las crisis.

 


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